La Psicomotricidad emerge. Se publican libros, se escriben artículos —esta Monografía es un ejemplo— y se crean páginas web de Psicomotricidad. Florecen asociaciones con empuje y adecuada estructura organizativa. Se reúnen expertos en Jornadas y Congresos que disertan para un público variopinto. Se presentan y llevan a cabo proyectos de investigación en esta materia, y se siguen aplicando, aquí y allá, en la escuela y fuera de ella, prácticas con la denominación psicomotriz. La Psicomotricidad emerge.

La Psicomotricidad, desde la misma etimología del vocablo, lleva en sí misma la aspiración de unir, de juntar, de hacer confluir, más que de disgregar y de separar. Contiene el prefijo psico, derivado del griego (fijxo) que significa “alma” o “actividad mental”, y el sustantivo motricidad, que alude a algo que es motor, que produce y tiene movimiento. El ensamblaje de estos dos términos hace referencia a la relación que existe entre el movimiento y la actividad mental, es decir, a la unión entre lo motor y lo psíquico, o dicho de otra manera, a la posibilidad de producir transformaciones en el psiquismo a través de la acción y el movimiento. El prefijo la emparenta con toda la tribu de los psi, mientras que el sustantivo la ancla en lo que es medible, dimensionable, corpóreo. Un doble significado que la sitúa a caballo entre las ciencias sociales y biológicas.

Estamos en los albores de la Psicomotricidad. Su historia como disciplina es muy reciente y aparece ligada, por una parte, al papel de la infancia en las sociedades actuales y a la consideración de la actividad del niño y la niña como fuente esencial de sus aprendizajes. Y por otra, a su contribución para paliar las dificultades del desarrollo del niño y la niña, y también del adulto, es decir, para posibilitar la superación del déficit. Wallon y Ajuriaguerra en Francia, E.J. Kiphard y F. Schilling en Alemania, o J. Ayres en Norteamérica, pueden considerarse pioneros tanto en las primeras conceptualizaciones psicomotrices como en sus aplicaciones prácticas. En España, hasta la década de los setenta no empieza a surgir una cierta inquietud por la materia de la mano, sobre todo, de diversas publicaciones, cursos, conferencias…, vinculadas a la que se conoce como “corriente francesa de la Psicomotricidad”. No olvidemos que Francia se encuentra a la vuelta de la esquina. Esta influencia que, en su génesis fue unívoca, generó en nuestro país diversas escuelas y tendencias que trazaron sus caminos por separado hasta que muy recientemente, en el año 1997, merced al primer impulso de la Asociación de Psicomotricistas del Estado Español se logró reunir al grueso de los y las psicomotricistas españoles en la Federación de Asociaciones de Psicomotricistas del Estado Español.

Pero ¿A qué se debe este florecimiento de la Psicomotricidad? Desde nuestro punto de vista dos hechos importantes han contribuido a que se profundice en el análisis teórico y a que se multipliquen las aplicaciones prácticas.

Uno de ellos tiene que ver con la relevancia del papel del cuerpo para ayudar a entender al individuo en su globalidad. El cuerpo, vehículo de nuestra presencia en el mundo, como decía Merleau-Ponty, se constituye en encrucijada en la que confluyen biología, psicología y filosofía, por una parte, arte y cultura por otra. Encrucijada sobre la que cada vez se desbrozan caminos que alumbran conceptos nuevos y aplicaciones originales. El cuerpo ha constituido, desde Descartes, uno de los polos de la dualidad, el abismo ontológico que separa la materia y el espíritu, y ha ocupado el lugar de la materia, la cosa, la res extensa, una realidad siempre por debajo del espíritu, la idea, la res cogitans. Estudios recientes, sin embargo, vienen a corroborar el papel preponderante del cuerpo y sus derivados —sobre todo movimientos y acciones— en la edificación del pensamiento y la personalidad del ser humano.

El segundo hecho se refiere a la importancia concedida desde diferentes disciplinas científicas al análisis de los fenómenos efectivos y, concretamente, al papel de la emoción en el comportamiento del ser humano. Los procesos tónico-emocionales han constituido, desde Wallon, la piedra angular sobre la que se ha construido todo el edificio de la Psicomotricidad. La posibilidad de contar en la actualidad con materiales, instrumentos y medios técnicos mucho más sofisticados, a la vez que menos invasivos, así como la amplitud, variabilidad y complejidad del análisis de datos para obtener nuevas respuestas, abre caminos, antes inexplorados, que contribuirán al conocimiento de nuestros procesos emocionales y también a ejercer control sobre ellos. Y en este último sentido, el futuro de la Psicomotricidad pasa inevitablemente por la indagación rigurosa, por la metodología científica y por la investigación experimental.

Mientras que el paradigma operante en el ámbito de la Psicomotricidad ha sido hasta hoy el psicoanálisis, sobre todo en los que podríamos denominar modelos “relacionales-interpretativos”, en la psicología actual impera desde hace tiempo el cognitivismo. En efecto, sumergidos en la sociedad del conocimiento, los psicólogos están hoy especialmente ocupados y preocupados por la “res cognitans”, fascinados en alguna medida por el “redescubrimiento” del polo racionalista de nuestro psiquismo. A pesar de ello, en la actualidad siguen vigentes otros modelos teóricos que tratan de dar —también— explicación a la profunda complejidad de la vida y de la conducta humanas. Explicación que exige, cada vez más, el recurso a la pluricausalidad y al multifactorialismo. El ser humano no es tan solo un científico que construye teorías explicativas de la realidad — cada vez más complejas—, sometido a una permanente dinámica de organización, asimilación, acomodación y equilibrio; o dicho de otra forma, a la dialéctica de los “esquemas”, responsable final de las profundas transformaciones cualitativas que se van produciendo en la estructura mental y en el pensamiento humano a lo largo del desarrollo. No puede ser reducido —tampoco— al conjunto de circuitos neuronales que pilotan el control de nuestro organismo, o a mero experto en la manipulación de símbolos, o a una compleja máquina —la parábola del ordenador— capaz de procesar y almacenar ingentes cantidades de información. Tampoco puede ser reducido exclusivamente al resultado final de complejos mecanismos de condicionamiento, que baila al son de causas externas, de estímulos y respuestas, de refuerzos y castigos o de procesos de modelación. Ni puede ser considerado —tan solo— un simple producto social e interactivo, resultado final de la

dialéctica de la historia, la cultura, la sociedad y los contextos. Ni contemplado de forma exclusiva como un ser dominado por su conflictos y fantasmas inconscientes, por sus complejos y mecanismos de defensa, por sus contradicciones intrapsíquicas, o por las luchas antagónicas entre ello y superyó, instintos de vida y muerte, placer y realidad. El ser humano es todo esto a la vez. Por ello, cada vez parece más claro que en la explicación de su comportamiento no cabe otro principio que el de la pluricausalidad que interactúa de forma combinada, donde ningún factor en exclusiva proporciona una explicación exhaustiva que permita entender su complejidad. Desde este punto de vista, cobra una especial relevancia el discurso de la Psicomotricidad. Un discurso que, como ya hemos señalado, defiende la relevancia del cuerpo como lugar desde el que el ser humano vive la afectividad, la emoción y el deseo, como soporte de nuestra sexualidad, como habitáculo de nuestros fantasmas inconscientes, como vehículo de nuestra presencia en el mundo, como instrumento primordial de relación, comunicación y diálogo, como antesala del pensamiento y del lenguaje, como instrumento que nos sirve para medir, calibrar y procesar la información, como referencia espacial y temporal, como mediador instrumental de cualquier relación o actividad humana, como herramienta que hace posible nuestra adaptación al mundo… En síntesis, como eje central sobre el que gira la construcción integral e integrada de nuestra personalidad.

Son estas razones las que justifican el notable despegue que se está produciendo hoy en el ámbito de la Psicomotricidad. Emergen por doquier, como ya hemos señalado, Congresos y Jornadas de Psicomotricidad en diferentes lugares del Planeta (Verona,

Barcelona, Estrasburgo, Montevideo…). Se crean nuevas titulaciones de Psicomotricidad

(Uruguay, Chile, Argentina…). Se establecen nuevos contactos y se crean o consolidan Asociaciones, Federaciones y Redes Internacionales de Psicomotricidad: la “Federación de Asociaciones de Psicomotricistas del Estado Español” en nuestro país, el “Forum Europeo de Psicomotricidad”, en Europa, la “Red Fortaleza de Psicomotricidad” en Hispanoamérica… Aparecen revistas y publicaciones especializadas en Psicomotricidad, así como foros en los que se debate sobre su objeto, especificidad y límites, y que terminarán dando sus frutos.

Esta monografía, de la que ofreceremos seguidamente una síntesis, es un síntoma más del buen momento por el que atraviesa la Psicomotricidad. En ella hablaremos de aspectos organizativos, de modelos de intervención educativa, de guías de observación de los parámetros psicomotores; de la inclusión de la Psicomotricidad en el Proyecto Educativo y Curricular de un Centro específico de Educación Especial; de la presencia de la Psicomotricidad en Europa e Hispanoamérica; de experiencias de formación en Psicomotricidad; de proyectos experimentales, de aspectos curriculares y de otras historias relacionadas con el universo de la Psicomotricidad en la Escuela. Los artículos que conforman este monográfico han sido escritos por profesionales de la Universidad y de la Escuela con años de experiencia y con la ilusión compartida de que la Psicomotricidad tome carta de naturaleza en el sistema educativo de nuestro país.

El artículo de Pedro Pablo Berruezo, (psicomotricista y Presidente de la Federación de Asociaciones de Psicomotricistas del Estado Español), titulado Hacia un marco conceptual de la Psicomotricidad a partir del desarrollo de su práctica en Europa y en España, describe la situación actual de la Psicomotricidad en el contexto europeo para luego detenerse en el desarrollo y evolución del contexto psicomotor en nuestro país.

Enfatiza un hecho crucial acaecido en los últimos años en el panorama del desarrollo de la Psicomotricidad en España: la constitución de la Federación de Asociaciones de Psicomotricistas del Estado Español (FAPEE), al abrigo del también recientemente constituido Forum Europeo de la Psicomotricidad. Nunca hasta ahora los y las psicomotricistas con formaciones teórico-conceptuales diversas, y bagajes diferentes de aplicaciones prácticas, se habían sentado en torno a una mesa para exponer, analizar, proponer y ejecutar acciones en común tendentes a un doble objetivo; que la Psicomotricidad obtenga carta de naturaleza en los estudios universitarios oficiales, a través de su inclusión en los Planes de Estudios de las Escuelas Universitarias de Formación del Profesorado, y que se reconozca la profesión de psicomotricista en España. Nos cabe el honor, a él y al primero de quienes suscriben esta presentación, de ser los principales impulsores de este proceso de unificación junto con un puñado de personas de diferentes Asociaciones de Psicomotricidad sensibles igualmente a esta problemática. El artículo describe, igualmente, los trabajos llevados a cabo por la Federación de Asociaciones de Psicomotricistas del Estado Español en relación con la definición de Psicomotricidad, el perfil de psicomotricista y las tareas de intervención, así como algunas especificaciones sobre la intervención psicomotriz. Finaliza el artículo con diversas reflexiones y propuestas del autor en torno a los hechos y conceptos básicos sobre los que debe sustentarse una epistemología de la Psicomotricidad.

El artículo de Klaus Fischer, profesor en la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Colonia (Alemania), titulado El desarrollo de la Psicomotricidad en Alemania, describe, en primer lugar, la situación de la Psicomotricidad alemana en al panorama europeo actual. A continuación expone las cuatro perspectivas básicas sobre las que se articula el debate psicomotriz en su país (la perspectiva funcional, la perspectiva de la estructura del conocimiento, la perspectiva de construcción de la identidad y la ecología-sistémica), para finalizar con un ejemplo práctico —El taller del movimiento— que traduce la que presenta como más cercana al planteamiento del autor. Este artículo está traducido por Klaus Miedzinski, profesor en la Escuela Universitaria de Hannover, inventor del concepto Taller de movimiento y de la firma Loquito, que ha desarrollado materiales novedosos para la educación psicomotriz, sobre todo en relación con el uso del espacio aéreo y la facilitación de construcciones que los propios niños y niñas pueden llevar a cabo y al que desde aquí agradecemos su labor y ayuda para que este artículo pueda ver la luz.

El artículo de Marcelo Valdés Arriaga, profesor en la Facultad de Educación de la Universidad de Maule (Chile), y coordinador de la Diplomatura en Psicomotricidad Educativa recientemente implantada en la citada Universidad, lleva por título La Psicomotricidad Vivenciada como propuesta educativa en el contexto de la reforma educativa chilena. Tras describir algunos de los aspectos centrales de la actual reforma educativa chilena, el autor ofrece una síntesis de los fundamentos, metodologías y estrategias de la Psicomotricidad Vivenciada como propuesta educativa acorde con los principios de la citada reforma. Por otra parte, en el artículo se recogen una serie de propuestas y orientaciones metodológicas sobre Psicomotricidad Vivenciada, que han surgido de una experiencia aplicada en algunas escuelas básicas de la VII Región (Chile), a través de un proyecto de investigación ejecutado —en 1998 y 1999– por la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Católica del Maule, y dirigido por el autor de este artículo.

El artículo de Pilar Arnáiz y Mª José Bolarín, profesoras de la Facultad de Educación de la Universidad de Murcia, titulado Guía para la observación de los parámetros psicomotores, constituye un referente importante para rtraducir en términos de evaluación cualitativa el modelo conocido como Práctica Psicomotriz de B. Acountutier. Las autoras empiezan por analizar uno de los elementos claves del modelo, la expresividad psicomotriz, y sus diferentes niveles de evolución en el desarrollo del niño y la niña, para centrarse luego en el análisis de la Guía de Observación, fruto de un trabajo experimental validado y fiabilizado. Dicha guía abarca los siguientes parámetros: el niño y el movimiento, el niño y el espacio, el niño y el tiempo, el niño y los objetos y el niño y los otros: niños y adulto. Cada uno de estos parámetros se desglosa en observaciones más concretas que detallan al final del artículo.

El artículo de Ana B. Herrero Jiménez, orientadora del Colegio Brains de Madrid y especialista en Psicomotricidad, titulado Intervención psicomotriz en el Primer Ciclo de Educación Infantil: estimulación de situaciones sensoriomotoras, analiza la educación de la Psicomotricidad durante el primer ciclo de la educación infantil (0-3 años), etapa caracterizada por la indisoluble vinculación entre cuerpo, emoción y actividad cognitiva; por la globalidad en una palabra. En él la autora defiende que cualquier propuesta educativa para este ciclo educativo debe incorporar programas de prevención e intervención psicomotriz, que permitan detectar precozmente aquellos trastornos psicomotores que afecten a la actividad global del niño en su relación con el entorno; y que ofrezcan la estimulación necesaria para que niños y niñas puedan crecer de forma armónica y global; es decir, en los niveles sensoriomotor, perceptivomotor, cognitivo, afectivo, relacional y social. Tras un detallado análisis de la organización tónico-emocional y de los procesos tónico-posturales, en el que se recuperan y destacan las teorías psicológicas de Wallon, el artículo finaliza con una propuesta de intervención para el primer ciclo de la escuela infantil, orientada a favorecer los intercambios tónico-emocionales, la integración del sistema postural y el inicio del control motor.

El artículo de Marcelino Vaca, profesor de la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado de Palencia (Universidad de Valladolid), lleva por título Reflexiones en torno a las posibilidades educativas del tratamiento pedagógico de lo corporal en el Segundo Ciclo de Educación Infantil. En él, a partir de la descripción de una sesión de Psicomotricidad con niños y niñas de segundo ciclo de Educación Infantil, se descifra y pone de relieve la trama oculta que subyace al planteamiento teórico-conceptual en que el autor lleva profundizando durante varias décadas. A partir, igualmente, de los tres momentos en los que se estructura la sesión con los niños y niñas (Momento de Encuentro, Momento de Actividad Motriz y Momento de Despedida), surge la reflexión sobre el por qué de dicha estructura de funcionamiento, constituida por las interrelaciones que se establecen entre el alumnado, el profesorado y el contenido de aprendizaje. Igualmente se describe el papel que tiene cada uno de los adultos presentes en la sesión como observadores para luego, con todo el material bruto recogido, someterlo al análisis y a la reflexión conjunta, en un proceso de ida y vuelta, desde la práctica a la teoría que progresivamente delimitará y hará evolucionar el modelo propuesto.

El artículo de Alfonso Lázaro, psicomotricista en el Colegio de Educación Especial “Gloria Fuertes” de Andorra (Teruel), titulado La inclusión de la Psicomotricidad en el Proyecto Curricular del Centro de Educación Especial: de la teoría a la práctica educativa, trata de justificar la inclusión de la Psicomotricidad con todos sus atributos en el

Proyecto Educativo y Curricular de un centro específico de Educación Especial. En él se describe la importancia concedida a la Psicomotricidad desde el nacimiento del mismo Centro de Educación Especial y se desglosa la estructura del Proyecto Curricular con los ámbitos y las áreas que lo conforman. Se detallan distintos aspectos curriculares del Area de Estimulación y Terapia Psicomotriz, del Area de Psicomotricidad y Educación Física y Terapia Psicomotriz, del Area de Psicomotricidad y Educación Física y del Area de Integración Sensorial. El artículo finaliza con la descripción del Aula de Psicomotricidad y de sus diferentes espacios así como con las funciones y características de los materiales.

Finalmente, el artículo de José Emilio Palomero Pescador y María Rosario Fernández Domínguez (Profesores de Psicología en la Universidad de Zaragoza), titulado Una experiencia de iniciación al conocimiento de la Psicomotricidad. El Colegio Público de Educación Especial “Gloria Fuertes” de Andorra (Teruel) como referente, recoge una experiencia de formación inicial del profesorado en el ámbito de la Psicomotricidad. Tal experiencia ha sido desarrollada en la Escuela Universitaria de Formación del Profesorado de Zaragoza, con el apoyo de dos psicomotricistas en activo, en el contexto del “Programa de Colaboración de Profesionales Externos de la Docencia Universitaria”, recientemente activado por la Universidad de Zaragoza. Al hilo de la citada experiencia va dejando constancia —también— de la estructura y funcionamiento del Colegio de Educación Especial “Gloria Fuertes”, de Andorra (Teruel). Un centro cuya actividad educativa gira en torno al eje central de la Psicomotricidad y que por su relevancia e interés pedagógico ocupa un lugar destacado dentro de este artículo.